Ana María Lux es guardaparques en Ribera Norte, y en esta nota nos cuenta cómo es el hornero, a partir del libro Leyendas y fábulas guaraníes de Ernesto Morales.

El hornero, cuyo nombre científico es: Furnarius rufus, es venerado en la Argentina y en parte del mundo. Entre los nombres con los que se lo designa están: casero, hornerillo, Alfonsito.

Es una avecilla de unos quince centímetros de largo, plumaje pardo canela, pecho y garganta blancos y cola rojiza, pico y tarsos de acero.

Lleva siempre, un poco
su traje aseado y sencillo,
que con tanto hacer ladrillo,
Se le habrá puesto bermejo.

El hornero es sociable: no teme al hombre y es respetado desde el indio hasta nuestros tiempos. Su presencia es de buen augurio.

Su nido es único. Lo construyen ambos padres, son cónyuges tan afectuosos, que cuando se encuentran prorrumpen en un canto estridente y alegre al unísono.

El hornero es un abnegado padre, cuando ya los pichones han emplumado, les dejan el nido tan amorosamente construido, para ellos volver a hacer uno nuevo al año siguiente. Aunque cada tanto vienen a visitarlos…

Su nido es una creación de amor! y una obra de arquitectura: tiene dos habitaciones, la segunda de las cuales, más resguardada , es la alcoba nupcial.

Los guaraníes que lo admiraban contaron su origen: dicen que él era un joven trabajador, bravo y cazador, que vivía solo con su padre. Amaba a una joven cantora de otra tribu, pero como se usaba en esos tiempos, debía someterse a una triple prueba.

Dos carreras: una a pie y otra a nado y luego someterse a la prueba del ayuno. Quedarse inmóvil bajo un cuero y sin tomar más que líquido en nueve días.

El triunfó en todas las pruebas, pero cuando fueron a buscarlo, a los nueve días, sacaron el cuero y vieron que se empequeñecía, hasta convertirse en un pájaro de plumas rojizas, que voló hacia la copa de un lapacho. La tradición agrega que su novia cantora, se transformó también en un ave que siempre lo acompaña.

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