(Por Virginia Mejía, para La Nación) El lechuzón orejudo ni se inmuta: observa atento desde lo alto de un árbol. Esta ave de tamaño mediano, hábitos nocturnos, vuelo perfecto y silencioso, viene ganando confianza durante los últimos meses. Desde que se inició la cuarentena por el coronavirus se lo puede ver a sus anchas, solo, o anidando junto a su pareja. Pero no es la única de las 250 especies de aves que volvió para dominar el corredor norte de la costa bonaerense, sino que también se pueden divisar carpinteros, garzas, viuditas negras, calandrias, zorzales, urracas, burritos, canasteros, colibríes, patos, horneros, carau, fuegueros y dormilonas, entre otros animales. «Con el hombre enjaulado, los pájaros son dueños y señores de su hábitat», afirman los expertos.

En una recorrida por las reservas ecológicas de San Isidro y de Vicente López, actualmente cerradas al público, LA NACION pudo observar a las diferentes especies posando con tranquilidad sobre las barandas de los senderos por los que hasta antes de la cuarentena caminaba la gente, en los miradores, y entre los camalotes de las lagunas. Pero también se las divisa en medio de las ramas de sauces, matorrales y ceibos que conforman ambos oasis naturales frente al Río de la Plata, con más de 350 especies de flora.

Una garza bruja junto a una garza blanca, en Vicente López
Una garza bruja junto a una garza blanca, en Vicente López Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk

Mientras se calza un par de botas para recorrer junto a LA NACION los 20 kilómetros de tierra pantanosa que abarca la Reserva Natural San Isidro, Bárbara Gasparri, directora de Ecología del partido, dice que, junto al gavilán mixto, el intrépido carancho es una de las especies que domina. Sin embargo, apenas iniciado el trayecto, el encargado de dar la bienvenida es el lechuzón, con sus largas plumas que aparentan ser orejas, su pico negro, sus ojos canela y su dorso jaspeado en tonos negros y marrones.

«Ahora está anidando, pero una vez que tenga a sus pichones, no lo veremos más hasta el año que viene», explica la especialista, que recibe unos 100 llamados por mes de vecinos para informarle sobre la aparición de algún extraño pájaro que visita su jardín o la vereda de su casa.Científicos hallan enormes estructuras no identificadas cerca del centro de la Tierra

Silvina Ferreyra, del Club de Observadores Aves San Isidro, coordina dentro de ese predio, ubicado en Camino de la Ribera 480, pequeños tours de avistaje o birdwatching , y explica que en esta época del año las aves empiezan al anidar, y que la Reserva es, ante todo, un gran garzal, con más de 40 ejemplares de garza mora, y garza blanca, y es uno de los más importantes del corredor biológico de Zona Norte, desde Vicente López hasta Tigre. Se trata de un espectáculo único: «Despliegan un vistoso plumaje nupcial para los movimientos del cortejo», cuenta Ferreyra.

Un carancho en el parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro
Un carancho en el parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk

Pero además se ven colibríes de distintos tipos, y churrinches, un bello pajarito colorado. También hay burritos, urracas y canasteros coludos que son huidizos. Además se ven calandrias y zorzales, que son mucho más atrevidas.

En los alrededores de esta pequeña selva natural, los vecinos aseguran que las aves también invadieron los parques frente al Río de la Plata donde antes acostumbraban a descansar o a pasear con sus perros. «Hay aguiluchos, caranchos y teros posando desde temprano en los bancos de madera en los que tomábamos mate. Se adueñaron del espacio. Es lógico teniendo en cuenta que algunos fines de semana más de 700 personas visitan la costa», dice Aníbal Bogado, un vecino amante de la naturaleza.

Florencia Gavirati, coordinadora de la reserva ecológica de Vicente López
Florencia Gavirati, coordinadora de la reserva ecológica de Vicente López Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk

«Veo patos en la lagunita, y un pájaro raro y lindísimo se posa todas las mañana en mi balcón. No extraño a la gente, extraño caminar libremente por un lugar tan increíble como este», agrega Luciano Picotto, también vecina del Bajo de San Isidro.

A pocas cuadras, en la Reserva Ecológica Vicente López de la calle Paraná y el río, el paisaje natural y exuberante no difiere demasiado del anterior, a excepción del hecho de que no tiene salida directa al río, y es un poco más pequeño. Sin embargo al recorrer junto a la coordinadora del lugar, Florencia Gavirati, los senderos poblados de hongos, se ven además patos, horneros, fuegueros y remolineras o dormilonas, que llegan desde la Patagonia. El benteveo común, que se alimenta de una variedad de animales y plantas, incluyendo peces, insectos, lagartijas y frutas, el hocó colorado, el martín pescador chico, con su pico desproporcionadamente largo, se convirtieron en clásicos de la zona, señalan los especialistas de Aves Argentinas.

Un carau, en la reserva ecológica de Vicente López
Un carau, en la reserva ecológica de Vicente López Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk

«La ausencia de ruidos de vehículos y de personas provoca que ahora haya mayor cantidad y variedad de animales, no solo en las reservas sino también en la ciudad de Buenos Aires», afirma el médico veterinario Enrique Romero, que fue director del exzoológico porteño.

Al no vivir en estado de alarma por el ser humano, que muchas veces las ahuyenta, o las combate, o las lastima, las aves están más relajada en todo su ciclo natural y cambian de actitud. Así, se dejan ver y se mueven en horarios diferentes, explican quienes practican birdwatching .

Bárbara Gasparri, directora de Ecología y Biodiversidad de San Isidro
Bárbara Gasparri, directora de Ecología y Biodiversidad de San Isidro Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk

No hay estadísticas oficiales sobre la cantidad de aves que ahora sobrevuelan la ciudad, en comparación con la que lo hacía antes de la cuarentena. Hernán Casañas, de Aves Argentinas, dice que «en realidad no hay más pájaros, sino que la fauna silvestre se dispersa de otra manera, ocupa lugares que antes no ocupaba, e incursiona en las ciudades».

Además, para que se hubiese habido un aumento real, debería haber trascurrido una temporada reproductiva, cosa que no sucedió porque no hubo suficiente tiempo aún, agrega Ulises Balza, científico del CONICET.

Un carau en el parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro
Un carau en el parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk

«Es muy lindo ver que la gente empieza a reconocer la fauna con la cual convive. A veces parece que la naturaleza estuviera separada de nosotros: conocemos la fauna del exterior pero no la nacional», agrega Balza.

¿Pero qué sucederá cuando todo vuelva a la normalidad y termine la cuarentena? ¿Podremos no interferir en los ciclos de la naturaleza y permitir que las aves estén tan cerca nuestro como ahora? Aún no se sabe, pero seguramente, luego de esta experiencia, algo habremos aprendido, afirman los amantes de las aves.

Arañas en el parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro
Arañas en el parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk
Hongos en el parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro
Hongos en el parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk
Un guardaparques del Parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro
Un guardaparques del Parque municipal de la Ribera Norte de San Isidro Fuente: LA NACION – Crédito: Ricardo Pristupluk
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