La crisis por el coronavirus fue el tema indiscutido de las ediciones de esta newsletter durante el mes de abril. Pero no de forma aislada, sino en su relación con aquella otra crisis latente: la climática y ecológica. Para cerrar este mes, una serie de preguntas (y respuestas) recientemente dadas a conocer por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Cambio climático y COVID-19. Preguntas y respuestas de los desafíos de nuestro tiempo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) viene publicando información aclaratoria sobre el nuevo coronavirus y la enfermedad que genera, COVID-19. Mucho se venía hablando también sobre los posibles vínculos e incidencias entre la pandemia y el cambio climático. La semana pasada, la OMS publicó una serie de preguntas y respuestas sobre cambio climático y COVID-19.

  • ¿El tiempo meteorológico y el clima determinan dónde ocurre COVID-19? No. Aún no hay evidencia concluyente de que ambos aspectos tengan una fuerte influencia en la transmisión. De hecho, el virus se ha transmitido alrededor del mundo, tanto en climas fríos y secos como cálidos y húmedos. Por lo tanto, las medidas de protección de distanciamiento físico y el lavado de manos deben mantenerse en todas las estaciones del año.
  • ¿El cambio climático empeorará el COVID-19? Si bien la OMS reconoce que no hay evidencia de una conexión directa entre el cambio climático y la aparición o transmisión de la enfermedad, hace dos aclaraciones. Por un lado, que el cambio climático puede afectar indirectamente la respuesta al COVID-19 porque incide en los factores ambientales de la salud en general y ejerce un estrés adicional en los sistemas de salud. Por otro lado, que el cambio climático es una de las actividades humanas que ejercen presión sobre la naturaleza y contribuyen al salto de virus de animales a humanos.
  • ¿Las medidas para contener el COVID-19 redujeron la contaminación del aire y las emisiones de gases de efecto invernadero? Digamos que ni. Las medidas de suspensión de actividades para controlar la transmisión de la enfermedad redujeron la actividad económica y, consecuentemente, generaron mejoras TEMPORALES en la calidad del aire en algunas áreas. Sobre el dióxido de carbono y otros gases contribuyentes al cambio climático, hay que considerar que persisten durante extenso tiempo en la atmósfera, por lo que las reducciones TEMPORALES ante un freno del transporte y la actividad industrial sólo tienen un efecto limitado.
  • Plus: lo que venimos diciendo en PLANETA y subraya la OMS: “Cualquier beneficio ambiental a corto plazo como resultado del COVID-19 tiene un costo humano inaceptable, y no sustituye la acción planificada y sostenida sobre la calidad del aire y el clima”.
  • ¿Cómo afecta la escasez de agua a enfermedades infecciosas como COVID-19? Notablemente. Pensá cómo mantener condiciones básicas de higiene y prevenir la enfermedad si no tenemos acceso a agua y saneamiento adecuados. Según la OMS, alrededor del 80% de la población mundial ya está experimentando algún nivel de escasez de agua. Y aquí vuelve a aparecer el cambio climático. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, amenaza la disponibilidad de agua para consumo y la producción de alimentos ante intensas sequías y otros efectos.
  • ¿Qué puede enseñarnos la respuesta global al COVID-19 sobre nuestra respuesta al cambio climático? Mucho. Algunas acciones comunes para los desafíos de nuestro tiempo: garantizar la cobertura universal de salud, la seguridad sanitaria mundial y el acceso a un aire limpio, a agua y saneamiento y alimentación segura y nutritiva; actuar de forma temprana y planificada; considerar y reducir las desigualdades porque los más vulnerables son los más afectados.
  • Podés acceder a la información completa (en inglés) aquí.

Por Tais Gadea para Red/Acción

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