Latinoamérica tiene suerte: dispone de una ubicación y orografía privilegiadas para el cultivo de un café de calidad. No es sorpresa que la región sea hogar de 5 de los 10 mayores productores a nivel mundial, entre ellos el número uno, Brasil, cuyo café es consumido alrededor de todo el mundo; y Colombia, universalmente conocida por la calidad de su café.

Pero tampoco es sorpresa que la demanda por café vaya en aumento. Cada año, y en parte dada por la expansión de la clase media en países asiáticos, el mundo necesita más y más café, y por ende, también de un aumento en la capacidad productora, lo que impacta a quienes lo producen en América Latina.

En el pasado, los agricultores veían en el café una opción rentable de ganarse la vida. Tanto así que hoy la industria cafetera emplea a más de 14 millones de latinoamericanos a lo largo de la región. Sin embargo, en los últimos años, los efectos del cambio climático, las plagas y el precio del café en el mercado internacional están creando una tormenta perfecta que amenaza el bienestar social de millones pequeños productores latinoamericanos y sus familias.

Los más afectados son los pequeños productores, en su mayoría con plantaciones de menos de 2 hectáreas, a los cuales cada vez menos les compensa cultivar café. Como alternativa, algunos están empezando a sustituir el café por otros cultivos o abandonar sus fincas para migrar a ciudades o el extranjero.

Cambio climático: el principal culpable

La tendencia es clara y, si no actuamos a tiempo, también irreversible. Los expertos en cambio climático coinciden que durante el presente siglo seguirán aumentando las temperaturas globales, con incrementos de entre 1,5º y 4,5º en los meses más calurosos. A esto habrá que sumar que los periodos de lluvia y sequía se volverán más impredecibles y extremos.

Si bien el cambio climático tiene consecuencias inmediatas como el alza del nivel del mar y el derretimiento de los polos, también afecta de forma directa a la planta de café. Este cultivo tiene unas necesidades de temperatura, luz y humedad muy específicas para su crecimiento y calidad, el que se da de forma óptima en el denominado cinturón del café, una región que comprende a los países que se encuentran entre los trópicos de Cáncer y Capricornio.

Pero esto es probable que cambie en el futuro. El aumento global de temperatura va a traer consigo una reducción considerable de la superficie apta para posible cultivar café, incluso de hasta un 50% del total para 2050. También, en menor medida, se producirá una redistribución a zonas en las que antes no era factible cultivarlo. Un ejemplo de esta relocalización es Nicaragua, donde se estima que la altitud óptima para el cultivo del café subirá de 1.200 msnm a 1.600 msnm para mediados de siglo.

“Las acciones de adaptación pueden reducir, más no eliminar o revertir, el impacto del cambio climático en la agricultura. Es por eso que es importante implementar tanto medidas de adaptación como de mitigación, estas orientadas a reducir la emisión de gases efecto invernadero que son la principal causa del cambio climático», dice Ana Ríos, especialista sénior de la División de Agricultura y Desarrollo Rural.

Leer artículo completo 

A %d blogueros les gusta esto: