Un metro cuadrado de cobertura vegetal atrapa 130 gramos de polvo por año, produce oxígeno, recicla gases nocivos y libera metales pesados; reduce la contaminación sonora y la temperatura interior de las edificaciones, reduce el ausentismo laboral y el estrés; protege la biodiversidad y es altamente sostenible, entre otros beneficios.

La foto de esta nota es de una pared verde nueva, en el Hospital Materno Infantil.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las ciudades deberían disponer de 10 a 15 m2 de espacios verdes por habitante. Pocos son los centros urbanos que cumplen con este límite mínimo propuesto, que obviamente se refiere a verde urbano transitable y aprovechable, a falta del cual, la dimensión vertical y las cubiertas verdes representan una opción para el balance medio ambiental.

Técnicamente, se trata de un ecosistema hidropónico -que prospera en ausencia de tierra-, balanceado y autosuficiente, adosado a una estructura flotante totalmente aislada de las paredes que cubre, eliminando así el riesgo de enraizamiento.

El “muro verde” no compromete la arquitectura de la fachada ni deja filtrar humedad, permitiendo que las raíces aéreas de las plantas cumplan con su misión de absorber contaminantes específicos producidos por las edificaciones.

¿Dónde puede instalarse?

Las fachadas exteriores, los espacios urbanos, junto con interiores comerciales, residenciales y corporativos son superficies más que aptas para crear una nueva y satisfactoria interrelación con nuestro entorno ya que los muros verdes son ligeros de peso y tienen una fácil adaptación a diferentes climas y tipos de luz (diurna o artificial). Estudios médicos avanzados avalan, además, la conexión directa entre el disfrute de las zonas verdes y la recuperación de los pacientes.

FUENTE: claneco.com

 

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