Este relato se publicó en National Geographic, y cuenta la historia de Richard Thompson, un biólogo marino británico estudió los desechos plásticos.

En 2015, él y sus alumnos de posgrado de la Universidad de Plymouth hicieron un experimento enterrando bolsas etiquetadas como biodegradables en el jardín de la facultad.

Tres años después, tras excavar las bolsas, estas no solo habían permanecido intactas, sino que aún tenían la capacidad de transportar más de dos kilos de comestibles.

«Me sorprendió que, después de tres años, aún se pudiera llevar la compra en ellas», declaró en una entrevista con National Geographic. «No tenían la misma fuerza que tenían cuando eran nuevas. Pero no se habían degradado hasta un nivel considerable».

Las cualidades indestructibles de las bolsas biodegradables son solo uno de los hallazgos de este estudio —el primero de su clase— publicado en la revista Environmental Science & Technology.

La polémica de lo «biodegradable»

Las bolsas de la compra desechables son unos de los productos de plástico más utilizados a nivel mundial. Suelen usarse en periodos breves y se estima que la Unión Europea utiliza casi 100.000 millones de bolsas cada año, con un uso anual de más de 450 bolsas per cápita al año en algunos países de la UE.

Mientras el mundo busca soluciones a la acumulación de residuos plásticos en el planeta, los productos promocionados como biodegradables se comercializan cada vez más, ya que ofrecen la promesa de una respuesta fácil al uso de bolsas desechables. Pero en muchos casos la biodegradabilidad puede ser solo eso: una promesa.

«No existe ningún material mágico degradable que se descomponga en un periodo breve en todos los entornos a los que lo expongas. Eso no existe», afirma Ramani Narayan, ingeniero químico de la Universidad del Estado de Míchigan y experta en biodegradables. Narayan no participó en el estudio de Plymouth.

Tanto Naciones Unidas como la Unión Europea han replanteado sus posturas en contra de lo biodegradable. En un informe publicado en 2016, la ONU declaró rotundamente que los plásticos biodegradables no son la respuesta a la contaminación por plástico marina. Y el año pasado, con cierta polémica, la UE recomendó prohibir los oxobiodegradables, que contienen aditivos diseñados para acelerar la descomposición de las moléculas poliméricas, a veces «del mismo modo que una hoja y sin dejar ningún resto», según el mayor fabricante británico de bolsas oxobiodegradables, Symphony.

Dicho proceso hace que la bolsa se desintegre en microplásticos, lo que suscita la preocupación de que estén sumándose al conjunto creciente de microplásticos en los mares del mundo.

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Esta historia forma parte de ¿Planeta o plástico?, una iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de desechos plásticos. Aprendé cómo reducir el empleo de plásticos de un solo uso y comprometete #PlanetaOPlástico.

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