Caminar por una calle sin arbolado significa exponerse a soportar entre 4° a 9° más que hacerlo bajo la copa de los árboles. La afirmación se desprende de un estudio dirigido por María Sivia Carponi, de la Universidad de Entre Ríos, que investigó los factores que influyen en las temperaturas urbanas.

En el trabajo explican que la función del arbolado urbano va más allá de embellecer el paisaje.

«Es importante considerar la importancia de la planificación para arribar a una propuesta coherente que responda a las expectativas, mejore la calidad de vida y preserve el entorno para dar solución al problema ambiental».

Los árboles producen oxígeno y absorben dióxido de carbono. Además, reducen la velocidad y el volumen del agua producido por las lluvias, mejora la contaminación visual, mitiga los ruidos y sostiene la biodiversidad. De hecho, las mejores planificaciones contemplan cuáles son las especies nativas que se adecuan a un arbolado urbano. Es una cuestión difícil porque, como explica Carponi, «no existe un árbol nativo del ambiente urbano. Existen árboles nativos de río o de la región de espinal en nuestra provicnia. Pero el clima y el ambiente de esos árboles no son los mismos que el clima y el ambiente de la ciudad».

 

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