Por Carla Gago (Conexión Coral – Fragmento)¿Quieres una bolsita?” “Sí, dale”. La escena del supermercado se repite una y otra vez. La idea de cargar en la mano las tres o cuatro cosas que llevamos no cruza nuestra cabeza.

“¿Realmente pensas que por no usar una bolsa de plástico va a cambiar algo?”. El eco de aquella pregunta retórica hace alarde de una suerte de saber triste y resignado. “Quizás no cambie de la noche a la mañana, pero cada aporte cuenta”, respondo con convicción (porque de verdad lo creo) y siento el “pobre, que ingenua” clavado en la frente.

Aun así, me planto y lo digo, no sin antes dar prueba de algo que vivo en primera persona. Saco la bolsa, la alzo alta en el cielo y la muestro con orgullo. La cargo con todo: el tupper con la comida del día, la ropa del gimnasio, libros, cualquier cosa que compre. La cargo con el conocimiento de que, de haber optado por la plástica, estaría apenas entre 10 a 15 minutos con utilidad para luego tardar en descomponerse hasta casi 500 años.

La cargo con la convicción de que ésta bolsa reutilizable se queda conmigo casi eternamente o hasta que yo le sepa sacar el mejor provecho. Y hasta la cargo con cariño, porque en lugar de ser algo rápidamente desechable, sin identidad, se convierte en un objeto con valor. Es amarilla, como el sol y los girasoles (mis flores favoritas), y lleva la inscripción: “Dejar de usar bolsas de plástico es una PAPA”. Y la verdad lo es.

A través del diseño y la reutilización de materiales reciclables, la marca local PAPA Studio impacta de manera positiva en tres niveles -social, económico y ambiental- y se ha convertido en una de mis principales aliadas a la hora de cuidar, de manera práctica, al planeta. Lisas, estampadas, con frases inspiradoras, básicas, compactas o pocket, para hacer las compras o para irse de viaje… las bolsas de PAPA acompañan en la transición hacia los tan temidos cambios de hábitos. Porque se puede. Porque no son estáticos. Porque los podemos cambiar con información y voluntad.

A nivel global, el proyecto Ecobags ofrece bolsas reutilizables con el fin de sembrar una semilla de cambio en los consumidores e inspirarlos a experimentar en el día a día los principios de la circularidad. Reduciendo la cantidad de residuos, reusando insumos y reciclando podemos deconstruir un paradigma de producción y consumo que ha sabido imperar desde hace siglos y que ha contribuido a la degradación del ambiente.

Hoy sabemos que los síntomas ambientales son reales, trasversales y, lamentablemente, atemporales: los empezaron a sentir nuestros padres y abuelos, los vivimos en carne propia nosotros, y los seguirán experimentando nuestros hijos y nietos. El daño es tangible y, si bien la esperanza es lo último que se pierde -como bien dice el dicho-, debe estar acompañada de acciones concretas y sustentables (esto es, orientadas a la sanación del planeta y constantes en el horizonte temporal).

Las grandes revoluciones conjugan pequeños cambios individuales, y un saber y sentir colectivo. Soy de las que creen en los cambios graduales que pisan fuerte. Porque con cada “¿Querés una bolsita?” “No, gracias, traje la mía”conquistamos una pequeña victoria. Para nosotros. Para los que vienen. Para el planeta.

¿CÓMO INVOLUCRARSE?
Rechazar las bolsas plásticas de un sólo uso. Elegir las alternativas bolsas reutilizables o ecobolsas. Informar a otros del motivo de tu elección para concientizar. Reconocer a emprendedores y diseñadores locales con tu compra.

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