En el fondo de la Casa de la Cultura de Acassuso, pasando la cocina y un patio que huele a chocolate, está el galpón: un lugar amplio con ventanas y estantes de piso a techo en el que unas 15 personas martillan, pulen, engrampan, encolan.

Es el taller de Carpintería, Marcos y Restauración que el Municipio dicta en San Isidro. El espacio está desordenado y en movimiento constante, de vez en cuando se escuchan máquinas que se encienden y se apagan. No hace tanto frío y hay sol, por eso algunos alumnos trabajan en el patio. Adentro, al final de la mesa de trabajo, angosta y larga, está Cristina Sosak con un pallet que dentro de algunas clases transformará en un banco para su jardín.

“Hacemos lo que queremos. Traemos una idea y el profesor nos explica cómo armarlo”, cuenta Cristina, una arquitecta que llegó al taller cuando un proveedor le pasó un presupuesto que le pareció muy caro. “Encargué una mesada simple y me pidieron una fortuna así que averigüé y acá estoy. Desde que empecé no pude parar, ya le hice una cuna y un escenario de teatro a mi nieto”, agrega.

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El profesor es Juan Merida, un señor de unos 60 años y delantal blanco que supervisa los proyectos de sus alumnos y los corrige al pasar. Para participar –explica– no es necesario tener conocimientos previos ni facilidad con las manualidades.

Él dice que allí todos aprenden, arman cosas por su cuenta y eso hace que se sientan seguros y sigan. Piensan un proyecto y construyen cosas desde cero. Sólo tienen que llevar la madera y ahí les proveen de todas herramientas.

A veces, explica Juan, juntan cosas de la calle y las restauran, las tapizan, las pintan, las decoran y después las venden. Por eso, además de un hobbie o pasatiempo el taller también sirve como capacitación o salida laboral.

Pero para Juan, que sonríe mientras habla, “lo mejor es la amistad que hacen, se entretienen, la pasan bien. Es como ir a terapia”.

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Desde el otro lado del galpón, coincide Cristina que sigue puliendo su futuro sillón para la galería de su casa: “La tarde es amena. Es divertido, se pasa muy bien. De acá nos vamos contentas porque la gente es macanuda y además hacemos lo que nos gusta.

 

 

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